En una vieja crónica de Gaceta Política, el inmortal Mickey Walker señaló: “Los televidentes no quieren ciencia en el boxeo, nada ni parecido al buen y exacto sentido de la defensa personal, de esta facultad no han aprendido ni les interesa y pululan por ahí decenas de pugilistas que conocen menos que el último fanático…”.

Por lo que se aprecia, entre el público que describe Walker y el de la actualidad, la diferencia no existe, sino el agravante de que el mal gusto o lo irracional se ha incrementado en niveles escandalosos, entre un sidestep o un waving bien ejecutados y una derecha que abra en dos tapas una ceja, mejor lo segundo; a fin de cuentas, ningún deporte tiene el público de la lucha americana de mentiras, de héroes y villanos fabricados para niños que no lo entienden y para mayores que disfrutan la farsa de disfraces, de gritos y de muertos por excesos violatorios de todas las normas que rigen el entretenimiento profesional.

Walker describe y comenta su pelea con Max Schmeling y concluye que, ese tipo de combate, es lo que gusta, por eso se hizo el pleito entre Miguel Cotto y Canelo Álvarez  como si fuera el día de la llegada del primer marciano, por eso los anunciantes las pagan a precios exhorbitantes y la televisión las cobra como le da la gana.

Caminar el ring, esquivar, establecer la distancia, manejar el jab preciso como el esgrimista al florete, combinar con puntería y belleza, no son atributos de garantía para la televisión, que gana con dos miuras empujándose y golpeándose en infight, sin ningún tipo de control del instinto homicida ni de intuición defensiva.

La situación del boxeo profesional es tan extraña que, antes, a un boxeador se le buscaba por su récord, hoy pelean por una faja sin tener números.

Con desfachatez inaudita, hay quienes se contradicen cuando se pregunta por el poco trabajo de un boxeador “X”, entonces, sin tener en cuenta el ridículo en que incurren, le dicen: “boxea un mundo, pero no gusta…”.

No hay que ir muy lejos para entender la decadencia, hay mujeres bonitas tan solicitadas como damas de compañías como lo fue Madame Merteuil; para darles algún nombre las llaman “socialites” y no hay espacio de televisión ni revista de espectáculos en que su foto aparezca por lo menos 15 veces.

A otras que ni cantan ni bailan ni actúan las llaman modelos y a los hombres bien parecidos les han cambiado el calificativo de actores por el de “sexis”, porque, como los decenas del cine y de la televisión, no pueden desprenderse del aparato en la oreja, por donde le disparan hasta su nombre artístico, porque, o no lo saben o no lo recuerdan.

Por Andrés Pascual

Fuente: https://www.soloboxeo.com/2018/02/18/boxea-un-mundo-pero-no-gusta/