Presencié la pelea del sábado en casa de uno de los mejores amigos que me ha dado el boxeo. Entre los 15 presentes que respondieron a la gentil invitación del anfitrión, figuraban dos jueces internacionales del CMB, un par de expugilistas y un periodista especializado en el arte de fistiana. Desde que la tarde se volvió noche, buscamos un lugar en torno a una mesa de billar en un salón de la vivienda. Previo al duelo, la mayoría se pronunció en favor de Gennady Golovkin por su fortaleza y estilo agresivo.  Los “canelistas” no abundaban, pero defendían al mexicano a ultranza y las apuestas surgieron de manera natural e inevitable.

Round tras round, uno de los jueces nos daba su opinión y su puntuación acumulada mentalmente hasta ese momento. Nadie se atrevía a discrepar con esa voz por demás autorizada; sólo asentíamos con la cabeza y sorbíamos nuestras bebidas. A la mitad de la pelea, uno de los exboxeadores observó que Triple G no estaba lanzando los golpes con todo el poder que le conocemos y que al “Canelo” le hacía falta valor para pararse a intercambiar impactos, como buen mexicano.

Canelo y Golovkin tras finalizar el combate (FOTO: Cortesía/Magnamedia)

Así llegó el campanazo final y, mientras esperábamos el veredicto oficial en la voz de Michael Buffer, todos -incluidos los “canelistas”- coincidimos en que el peleador kazajo merecía la victoria al menos por el mínimo margen. El empate que anunció Buffer nos sorprendió en gran medida, principalmente la tarjeta de Adelaide Byrd, quien vio ganar a Saúl Álvarez por un desproporcionado, grosero e incoherente margen de ocho puntos. “Esa señora me robó una vez en Las Vegas”, dijo, entonces, uno de los pugilistas retirados.

Acepto que en mi caso me tomé un par de cervezas que pudieron interferir en mi percepción. Por eso, la tarde del domingo me di a la tarea de ver nuevamente la contienda. La califiqué a detalle y sin distracciones. Esta vez, los sorbos fueron de café.

Canelo vs Golovkin (FOTO: Cortesía/Magnamedia)

Después de apreciar por segunda ocasión los 12 episodios que paralizaron al país la noche del sábado, vi ganar una vez más al triple monarca de los medianos.  Mi tarjeta arrojó un ajustado 115-113 y llegué a la conclusión de que el empate no había resultado una decisión tan descabellada. Hay asaltos muy complicados de calificar porque el mexicano nos daba un minuto formidable, pero luego mermaba su accionar y el kazajo terminaba imponiéndose.

La repetición también me confirmó la apreciación que realizó el exboxeador durante la reunión de la noche anterior, con respecto a que Golovkin no lanzó sus golpes con la potencia habitual. Inclusive, jamás utilizó una de sus mejores armas, como lo es indudablemente el gancho al hígado. Podríamos pensar mal, sospechar e imaginar escenarios sucios que terminan por dañar al boxeo, pero vamos a intentar explicarlo exclusivamente desde el punto de vista técnico. En este sentido, entendemos que el llamado Triple G tomó sus precauciones ante el centellante y devastador contragolpe del jalisciense, que le complicó seriamente los primeros tres giros de la batalla.

Es sabido que en el boxeo lanzar un golpe con toda la potencia suele dejar mal parados a muchos peleadores. El gancho al hígado, por ejemplo, es un arma letal, pero fallarlo puede ser muy peligroso pues te deja expuesto a una derecha de poder del adversario. Posiblemente, esas fueron las razones que obligaron a Gennady (37-0-1, 33 nocauts) a presentar sobre el ring de la majestuosa T-Mobile Arena una versión menos monstruosa del gladiador que estamos acostumbrados a ver. Y, si esa es la verdad, el mérito absoluto es del “Canelo” Álvarez, quien estableció estas condiciones desde los albores del pleito o, inclusive, desde que éste se firmó y su rival lo empezó a estudiar a fondo. Esta es la explicación boxística con respecto al accionar del pupilo de Abel Sánchez, pero cada quien tiene la libertad de pensar lo que desee. Para nadie es un secreto que una victoria clara y contundente a favor de cualquiera de los protagonistas, hubiera enterrado de tajo la posibilidad de una segunda edición del duelo. Sin embargo, los hechos se han presentado de una manera en la que todo mundo quiere ver un pleito de desempate que, desde ahora, se antoja sumamente lucrativo para todos los involucrados.

En cuanto al espectáculo que ofreció la contienda, se puede decir que cumplió en la justa medida con lo que se esperaba. De entrada, imaginamos que ambos púgiles terminarían con mayor daño en su humanidad. Se habló, incluso, de que los protagonistas visitarían la lona y que la pelea acabaría por nocaut, pero nada de eso sucedió. Sin embargo, no podemos ser ingratos con lo que vimos y decir que el compromiso nos decepcionó. “Canelo”-Golovkin I no será recordada como una de las mejores peleas de la historia, pero es la gran favorita para ser catalogada como la más espectacular de 2017.

Por otra parte, no podría terminar satisfecho el presente texto sin dedicarle al menos un párrafo a la señora Adelaide Byrd, famosa desde hace algunos años en el ambiente boxístico por sus veredictos infames, que delatan incapacidad o corrupción; no de hay otra. Ni en la cabeza más obtusa ni en el corazón del más ferviente admirador de Saúl Álvarez  (49-1-2, 34 nocauts) cabe la posibilidad de que el boxeador pelirrojo haya ganado el combate con una ventaja de ocho puntos. Sobra decir que la investigación es obligatoria y que compete no solamente a la Comisión Atlética de Nevada, sino a autoridades de mayor rango. ¿Quién sostiene a Byrd en las grandes carteleras, pese a sus tarjetas escandalosas? Si se resuelve que la señora es incompetente, simplemente debe ser suspendida y enviada a un curso intensivo de jueceo. Sin embargo, si sus acciones han sido premeditadas, debe pagar porque ha dañado moral y económicamente los intereses de terceros.  Hay que recordar, en este tenor, el caso de C J Ross, quien en mayo de 2013 se atrevió a dar un empate 114-114 en la Mayweather-“Canelo”. Ross fue sancionada y se le retiró su licencia como oficial. Curiosamente la historia se repite y el favorecido nuevamente ha sido el peleador tapatío.

Golovkin y Golovkin entrevistados por Kellerman (FOTO: Cortesía/Magnamedia)

Finalmente, ¿qué podemos decir de Saúl Álvarez? Después de cada uno de sus pleitos se ha hecho una costumbre que una buena parte de la prensa y sus fieles seguidores se desvivan en elogios, afirmando que el muchacho ha mejorado. Y no lo podemos negar: el sábado se quitó golpes de manera magistral. Sin embargo, el pelirrojo es un exponente de 52 peleas, se supone que es una figura y que su proceso de aprendizaje debió terminar hace algunos añitos. En su momento, jamás escuchamos o leímos, por ejemplo, que Julio César Chávez o Juan Manuel Márquez habían mejorado después de alguno de sus compromisos. Ellos ya habían llegado a la cúspide con todo merecimiento y eran luminarias hechas y derechas, con todos sus defectos y virtudes. Ya nadie esperaba más ni menos de ellos. Por tanto, lo de Álvarez raya en la justificación. Aquél que destaque las mejorías del “Canelo” en cada riña, está aceptando tácitamente que el muchacho nunca ha tenido las condiciones para figurar entre la élite. Y al paso que vamos, con tanta mejoría, va a terminar siendo el mejor pugilista de la historia.

Ha quedado pintada, entonces, para mayo o septiembre del próximo año la segunda edición de “Canelo”-Golovkin, que luce desde ahora sumamente atractiva. ¿Quién llegará como favorito? Tome en cuenta usted las siguientes consideraciones, y tómelas muy en serio, por favor: Adelaide Byrd ya no aparecerá en la tripleta oficial, Gennady tendrá 36 años y Saúl Álvarez seguirá mejorando.

Edmundo F. Hernández Vergara

Fuente: https://www.soloboxeo.com/2017/09/19/golovkin-le-falto-el-gancho-al-higado-canelo-siempre-mejora/

FOTO: Cortesía/Magnamedia